domingo, 11 de febrero de 2007

Otra manera de ser mujer

... a pesar de su apartamiento de la suciedad (sociedad), soñaba con algún día conocer a la pareja de sus sueños; alguien que fuera lindo con ella, que la acariciara, que la hiciera sentir persona, que le hiciera sentir que era una mujer. Soñaba con alguien que recorriera su cuerpo, que la absorbiera en una experiencia distinta, que la hiciera entrar en éxtasis, pero lo único que encontró fue un cello; tan sólo un instrumento musical para muchos, pero para ella, su gran amor. Eran uno sólo, el era hombre y ella era objeto, las diferencias no existían cuando se fusionaban, eran una pareja como cualquier otra; al ella acariciarlo, abrazarlo, coger una de sus extremidades y tocarle las partes más sensibles de su pequeño cuerpo, él le devolvía el mismo amor convertido música, de allí el por qué de esas grandiosas melodías que con frecuencia hacían excitar a Alena, terminando su pieza musical con una demostración de agradecimiento hacia su cello, un poco egoísta, ya que queriendo el o no, siempre terminaba introduciendo la parte inferior de su compañero en su cuerpo. (Fragmento del texto "Tres Desgraciadas Vidas", Suicisona, 2002)